Reducir el absentismo laboral es posible integrando la salud mental en la empresa

Por Belén Ureña

Abordar la salud mental como estrategia integrada a nivel corporativo, puede reducir significativamente el absentismo laboral que amenaza la competitividad de la empresa española. En la actualidad, España lidera el ranking europeo de absentismo laboral por incapacidad temporal. Cada día 1,5 millones de españoles no acude a su lugar de trabajo, de los cuales el 85% se encuentran en baja médica. Esta incidencia pone al empresario español al límite: el coste económico estimado para la empresa en 2025 es de 32.000 millones de euros, un 3% del PIB.

En este contexto, las bajas por trastornos mentales y de comportamiento son las que más crecen, tal y como constata el último informe de Impacto Económico del absentismo laboral (2019-2025) del Consejo de Economistas, con un crecimiento superior al 26%. Factores como el estrés laboral, el síndrome de burnout y la ansiedad han impulsado el alza de estos procesos, afectando de lleno a las empresas. Otro dato a destacar es la duración media de los procesos, que ha experimentado un aumento del 7,90% en 2024 a nivel nacional. Las bajas prolongadas son un auténtico reto, tanto para la reincorporación de los empleados, como para la estabilidad del sistema de Seguridad Social. Según la normativa aplicable, los procesos de Incapacidad temporal por causas comunes( ITCC) tienen una duración máxima de 365 días, prorrogables por 180 días adicionales. Sorprendentemente, los días de incapacidad temporal entre menores de 30 años tienen la salud mental como primera causa, con mayor índice de mujeres entre 20 y 30 años. No en vano, el consumo de fármacos antidepresivos ha aumentado un 50% en los últimos 10 años. Debido a la naturaleza psicológica como causa de la baja, cada vez más trabajadores permanecen en esta situación más allá de los 545 días, lo que obliga a las mutuas, es decir al sector privado,  a asumir los costes de la prestación. De hecho, muchas de éstas bajas prolongadas tienden a cronificarse en ausencia de una estrategia de reincorporación efectiva. La falta de atención temprana y el estigma asociado a los problemas psíquicos agravan la situación, dificultando el retorno al trabajo.

¿Qué está haciendo el Gobierno al respecto?,¿Qué políticas se activan desde la UE?

Hasta la fecha, no parece que las medidas gubernamentales vayan a ser un balón de oxígeno para las empresas sino que más bien, van destinadas a pasar la “patata caliente” a las mutuas para disminuir los costes de la Seguridad Social. Actualmente, los Ministerios de Sanidad y Trabajo trabajan para que enfermedades mentales relacionadas con el trabajo: depresión, ansiedad y estrés sean reconocidas como una contingencia laboral. Y esto lejos de ser una solución, puede agravar la situación para el sector privado ya que,  la línea para evaluar la relación entre un estresor laboral y el trastorno mental no puede probarse clínicamente al cien por cien y el fallo final queda a merced de un juicio de probabilidad razonada. Los médicos, ponen de manifiesto que resulta difícil distinguir entre lo que es estrés laboral,  de otras preocupaciones derivadas de la incertidumbre alrededor del empleo, la vivienda, la cesta de la compra… en la que viven una gran mayoría de personas en edad de trabajar. Corrobora ésta realidad, el estudio realizado por Mutua Madrileña con la Confederación Salud Mental España, donde el 74,7% de los españoles creen que la salud mental ha empeorado y reconocen las dificultades económicas (91%), la incertidumbre ante el futuro (89%) y la presión y exigencias y estrés del día a día (88%) como razones detrás de este declive. El criterio médico, enmarcado en este entorno, prima la salud del paciente y para no asumir ciertos riesgos, se acaban prolongando las bajas tal y como muestran las cifras.

Por otro lado, en el ámbito de la Unión Europea, tampoco parece hasta el momento, que programas como MH4HRM, dotado de 400.000 euros, destinado a canalizar ayudas para las empresas en el ámbito de la prevención de la salud mental, puedan ser suficientes. 

En este escenario, una vez más, toca a los empresarios, coger el “toro por los cuernos”  para afrontar este problema, con medidas preventivas integradas en la gestión del talento. Aunque queda mucho camino por recorrer, más allá de nuestras fronteras, hay empresas que ya lo están haciendo, con impacto muy positivo en su cuenta de resultados. Por citar un ejemplo, la firma Unilever, imparte  formación de primeros auxilios en salud mental, promoviendo un diálogo abierto que rompe tópicos clásicos. Desde su implementación, la compañía ha visto reducido el absentismo laboral por causas de salud mental, un 25%.  Además, encuestas internas reflejan que un 80% de los empleados se encuentran más activos con su trabajo y con mayor confianza en sus roles contribuyendo así a un incremento del 12% de la productividad global en las áreas mas estratégicas de la Compañía.

En Deloitte los empleados reciben entrenamiento para apoyar y ayudar  a sus compañeros a afrontar dificultades que plantean las patologías mentales. Adicionalmente, se organizan talleres sobre salud mental y se ofrece acceso a servicios confidenciales de terapia. Este planteamiento ha reducido significativamente las bajas laborales por salud mental  en un 15%  a la vez que ha incrementado un 30% la satisfacción de los empleados. El efecto transformador de estas medidas en cifras: los equipos donde se han implementado, incrementan su productividad en un 10% respecto a los demás.

Por citar un último ejemplo, Microsoft ha integrado la salud mental dentro de su estrategia corporativa con programas de asistencia al empleado que ofrecen terapia confidencial y gratuita para casos de necesidad temporal así como servicios de escucha activa. Encuestas internas revelan un incremento de la productividad del 15% en las áreas donde se han implementado estas medidas.

Estos modelos, subrayan la profunda huella que los programas de formación, prevención y actuación en salud mental generan en los lugares de trabajo. La empresa, como centro neurálgico de desarrollo social,  afronta esta labor, de cuidado y protección, al tiempo que mejora su cuenta de resultados y la captación de talento.  Según un estudio de PWC y la Fundación Transforma España, los jóvenes priorizan  en un 80% trabajar en empresas con propósitos y valores claros y en un 78% valoran más la flexibilidad y bienestar, que el salario y la estabilidad laboral tradicional. El estudio ahonda en las motivaciones,  indicando que más del 50% se comprometería con una organización que contribuya al bien común y que genere un impacto positivo a su alrededor. A su vez, los más jóvenes, se ven atraídos por una gestión directiva, basada en la escucha, la empatía y la accesibilidad y no por estructuras jerárquicas verticales, del ordeno y mando.

En España hay ya empresas implementando este tipo de mejoras a pesar de que sigue siendo un tabú hablar abiertamente de patologías mentales y sus síntomas. Son cada vez más las organizaciones que toman partido  por  formar a sus empleados en la prevención que, de acuerdo con la experiencia acumulada, es la pata esencial de transformación donde la empresa desempeña un papel fundamental. Es hora de alinear el cuidado de la salud mental con visión, misión y resultados de la empresa española